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jueves, 5 de junio de 2014

Cholitas Luchadoras forman Asociación en El Alto

El director de Cultura de la Alcaldía de El Alto, Ivar Iriarte, informó el martes que se fundó la primera Asociación de Cholitas Luchadoras del país, cuyas integrantes son mujeres que participaron en eventos internacionales en los que representaron a Bolivia.

'El Gobierno Autónomo de la ciudad de El Alto, a la cabeza del alcalde Edgar Patana, la dirección de Culturas, en el día de las madres, posesiona a la Asociación de Cholitas Luchadoras', dijo a la agencia ABI.

En ocasión del Día de la Madre, que se celebra cada 27 de mayo, manifestó que se presentó a la primera Asociación del país que está formada por 15 mujeres que se dedican al deporte de lucha libre, 'que resaltan la cultura de Bolivia'.

'Estas cholitas, estas mujeres la mayor parte son alteñas y son mamás, a la par de hacer su actividad, a la par de demostrar la lucha y la cultura que ellas tienen como asociación', mencionó.

Por su parte, la secretaria general de la Asociación de Cholitas Luchadoras de Bolivia, Mariela Veranga, indicó que de 15 mujeres, que componen la asociación, 12 son madres de familia.

Asimismo, destacó que participaron en eventos internacionales, representando a Bolivia en actividades realizadas en países de la región y Estados Unidos.

'Los eventos internacionales, bueno hemos tenido uno grande, en Miami Estados Unidos en el Show de Cristina donde fuimos a representar a nuestro país', indicó.

Aseguró que cada fin de semana las cholitas luchadoras se presentan en el Coliseo 12 de Octubre, de la ciudad de El Alto, donde concurren turistas europeos, norteamericanos, asiáticos y nacionales.

ABI

lunes, 6 de enero de 2014

Cholitas Luchadoras celebran Aniversario

Cholitas Luchadoras celebran Aniversario, muchas Felicidades!!!


Carmen Rojas y Reyna Torrez

Las super estrellas de las cholitas luchadoras bolivianas.


lunes, 5 de marzo de 2012

Cholitas Luchadoras y el Turismo en Bolivia

Al espectáculo de lucha libre en el Multifuncional de El Alto acuden, en promedio, cien turistas cada domingo. Según luchadores independientes, hay convenios con agencias de turismo.

Es domingo. A las 14.15, pese a que las puertas del Multifuncional de la Ceja de El Alto se abren a las 16.00, ya hay una larga fila de aficionados a la lucha libre, entre ellos decenas de extranjeros que llegan hasta El Alto para apreciar el espectáculo.

Europeos, asiáticos y, por supuesto, centenares de bolivianos esperan ansiosos el cada vez más famoso espectáculo alteño, especialmente el ofrecido por las internacionalmente reconocidas cholitas luchadoras o cachascanistas.

“Estamos curiosos por ver a estas mujeres luchadoras desde que las hemos visto en un reportaje de la televisión alemana, también queremos ver a los hombres”, explicó el alemán Thomas Hârtel, que pagó 15 dólares por la entrada para ver el espectáculo, que cada semana congrega a 100 extranjeros.

Otra de las agrupaciones que se dedica a este show es Líder, organizada por los míticos y famosos Kid Simonini, Jaider Lee y Tatake Quisbert. Congrega a cerca de mil espectadores en sus presentaciones itinerantes, que se llevan a cabo en El Alto, el interior del país y en otros países.

Ambos grupos hicieron de El Alto la capital nacional de la lucha libre, especialidad que no es considerada un deporte, pero sí un espectáculo de masas.


LA CIFRA

700 DÓLARES puede llegar a ganar en el exterior, por semana, una cholita luchadora alteña. En El Alto gana entre 20 y 30 dólares.


Juanita La Cariñosa

Se llama Mery Llanos Sáenz.

Tiene 28 años de edad y diez en la lucha libre.

Tiene dos hijos, uno de ocho años y otro de cinco meses.

Es soltera, pero tiene un compromiso.

Trabaja en el comercio de artículos de ‘chiflería’. Estudia cosmetología y es luchadora ‘ruda’.

Incursionó en la lucha libre por fama y por el dinero.


OPINIONES

“Estamos muy curiosos por ver la lucha libre y especialmente a las cholitas luchadoras, desde que las vimos en un reportaje en la televisión alemana”.

Thomas Hârtel

Turista alemán


“Este deporte se está convirtiendo en un atractivo turístico de El Alto, y eso es bueno porque así se conoce más de nuestro país”.

Yerko Riqueza

Boliviano residente en Argentina


“Siempre vengo a ver lucha libre porque me gusta y creo que es un deporte que atrae a muchos turistas a visitar El Alto”.

Justina Quispe

Ciudadana alteña


“En el exterior podemos ganar por semana entre 500 a 700 dólares. Aquí en El Alto apenas entre 20 y 30 dólares”.

Juanita La Cariñosa

Cholita luchadora



OPINIONES

Édgar Zabala

Tiene 42 años, es casado, tiene dos hijos y es profesor de primaria.

Es de los ‘rudos’.

Comando Zabala

Luchador alteño


Se llama Benjamín Simonini

Su padre fue el luchador El Médico Loco.

Tiene 30 años de luchar.

Es otro ‘rudo’.

Kid Simonini

Luchador alteño


Emeterio Cori Quisbert

Tiene 40 años

Ostenta el grado de cinturón rojo punta negra de taekwondo. Es ‘técnico’.

Ninja Boliviano

Luchador alteño


Jaider Juan Simonini López

Tiene 25 años de luchador

Es profesor de Educación Física. Es casado y tiene dos hijos. Es ‘técnico’.

Jaider Lee

Luchador alteño

Cambio

domingo, 29 de enero de 2012

Cholitas Wrestling desde Bolivia

Durante más de diez años, la lucha libre femenina ha capturado la atención de locales y visitantes en El Alto, Bolivia. Estas mujeres agregan un poco de tradición a este popular deporte: ¿En qué otro lugar se podrían ver enaguas bajo coloridas polleras, chales con flecos, gruesas trenzas y sombreros de bombín luchando en un cuadrilátero?

Contactos: cholitaswrestling@gmail.com


Cholitas Luchadoras de Bolivia

En lo alto de la ciudad de El Alto, Bolivia, todos los domingos, los lugareños se reúnen para ver las cholitas luchar. Vestidos con faldas de varias capas y las zapatillas, ponen un bien contra el mal espectáculo por la multitud que se sientan en un piso de concreto y se pierden en el dramatismo de las cholitas.

Las luchadoras siguen un régimen de entrenamiento duro que incluye un caminata de un pico de 15,000 pies. Pero son mujeres normales durante el día, ganando un sueldo escaso por sus familias. Los puñetazos se tiran, las trenzas se agarran y saltos altos se desempeñan para contar una historia en la que finalmente gana la cholita bueno y justo.

Sin embargo, para arriesgar sus vidas, las cholitas se les paga alrededor de $13 por partido. No existe un servicio para prestarles asistencia en caso de lesión. La mayoría del dinero es para el dueño de la arena.

A pesar de sus dificultades de estas mujeres disfrutan la liberación y seguen mostrando espectáculos de fuerza para el escape momentáneo de residentes de El Alto.

Mujeres Hispanas


martes, 10 de enero de 2012

Cholitas Luchadoras Made in Bolivia

Mujeres de mediana edad, vistiendo faldas, sombreros y las tradicionales faldas largas, luchan hasta el fin, en uno de los deportes más extraños del mundo – la lucha libre femenina boliviana.

Estas combatientes vestidas extrañamente – en su mayoría madres y amas de casa – son héroes en el país de América del Sur, donde miles de personas se reúnen para ver los episodios cada semana.

Las luchadoras, son conocidas como “Cholitas”, y es extraordinariamente difícil el competir, las mujeres saltan desde las cuerdas, volando por el aire y golpeándose unas a otras con verdadera fuerza.

Lesiones y caras ensangrentadas son comunes – las normas permiten que las combatientes puedan romper cajones de madera sobre las “cabezas de las demás”.

La lucha libre de Cholitas, fue creado por un grupo de madres campesinas hace décadas – como una manera de reivindicación de las mujeres indígenas hacia el machismo los hombres.

La vestimenta de las mujeres luchadoras es la forma común en Bolivia – con sus distintivos diafragmas, medias, chales y sombreros de bombín. Y el deporte es cada vez más popular, hasta ser uno de los deportes con más espectadores en el país de América del Sur.

Las Cholitas, se entrenan dos veces a la semana – con muchas sesiones de entrenamiento en la capital La Paz, las mujeres se golpean entre sí y prueban nuevos movimientos acrobáticos.

Los combates se celebran cada domingo, previo a los campeonatos del prestigioso título de Titanes del Ring de Bolivia.

Una de los combatientes, Ana Polonia Choque, de 40 años, tiene un puesto humilde donde sirve almuerzos, durante la semana en La Paz. Pero, llegado el fin de semana, se sube al ring como Carmen la campeona.

Ana dijo: “Empecé hace diez años, en la lucha libre cuando gané una audición local”. ”Estamos mostrando a los hombres que las mujeres son fuertes también”.

“Mi esposo Oscar no quiere que sea luchadora cuando se pone sangrienta la pelea – pero tener una Cholita, como esposa, es tener mucho prestigio".



Contactos: cholitaswrestling@gmail.com

Cholitas Luchadoras en el Multifuncional de la Ceja de El Alto 2

Es un especta¡culo de lucha libre estilo americano con la mejor adaptacion en los andes bolivianos introduciendo a la chola o mujer de pollera al ring o cuadrilatero de lucha, cholitas wrestling es parte integrante de la asociacion de LOS TITANES DEL RING , que son un grupo de luchadores que tienen una amplia trayectoria en la lucha libre en Bolivia.

Contactos: cholitaswrestling@gmail.com







Cholitas Luchadoras en el Multifuncional de la Ceja de El Alto 1

La lucha libre también es un atractivo que se puede apreciar en esta urbe, cada tarde de domingo en el Multifuncional Heriberto Gutiérrez de La Ceja de El Alto se realizan eventos de lucha libre, donde los ocasionales rivales dan todo de sí para vencer al otro y así ganar los vítores del público asistente.

Mi padre me cuenta que antes existían ya eventos de este tipo y denominados con el nombre de cachascán.

Contactos: cholitaswrestling@gmail.com








jueves, 5 de enero de 2012

Cholitas Luchadoras y su última batalla

Tres mujeres indígenas bolivianas subieron al ring, mostraron sus aptitudes y alcanzaron fama y dinero; pero alguien más ganaba mientras ellas sudaban. Desde La Paz enfrentan hoy una batalla contra el negocio de la lucha comercial.

Carmen Rosa deseaba que su madre fuera luchadora del ring. Deseaba, en realidad, que pudiera defenderse de los golpes que le llovían cada vez que su padre llegaba borracho a su casa. Deseaba también que él ya no tomara alcohol y que sus hermanos se la llevaran a vivir con ellos. Carmen Rosa entonces tenía menos de 12 años y se llamaba Polonia Ana Choque Silvestre.

Son las tres de la tarde y el sol invernal en La Paz brilla pero no calienta. En las empinadas y angostas calles del centro, hombres y mujeres zarandean las caderas en medio de vehículos para no ser atropellados. Vendedoras regordetas, abrigadas de pies a cabeza, están apoltronadas en el suelo con las piernas metidas entre las polleras. Las empinadas calles Sagárnaga, Tarija y Santa Cruz albergan hostales, restaurantes italianos, bares ocultos, comida árabe, tacos, comida chatarra, comida boliviana, negocios de artesanías y agencias de viaje, muchas agencias de viaje.

Casi todas ofrecen turismo extremo. Excursiones por caminos de herradura que recorrieron los incas y descensos en bicicleta desde las cumbres nevadas hasta la zona tropical de La Paz. Otras organizan ascensos de más de seis mil metros de altura, o un safari por las selvas amazónicas. Están aquellas que tienen tours por la ciudad y las que encontraron desde hace algunos años un entretenimiento que impresiona a extranjeros y divierte a nacionales: la lucha libre de cholitas. “¿Qué es una chola?”, pregunta el periodista inglés Toby Muse, alto y de ojos claros, a Carmen Rosa, pequeña, gruesa y tez cobriza. “Es una descendiente indígena, que siempre ha sido discriminada y que ahora sabe hacerse respetar”, responde ella, orgullosa.

Vestida con pollera ancha de satín, zapatos planos como de bailarina de ballet, una manta bordada y un sombrero bombín coquetamente ladeado, la chola es patrimonio de la cultura boliviana. Por las calles de La Paz camina moviendo las polleras al ritmo de sus pasos. Se dice de ella que heredó la vestimenta de la mujer española, de faldones anchos con volados encima de los cancanes, mantilla de colores y adornos vistosos. “Pero todo esto es típico”, asegura Calixta Choque, mostrando su atuendo cotidiano: pollera delgada y una chaqueta de lana (chompa) sobre la que caen un par de trenzas largas y muy negras.

Desde siempre lucir la indumentaria de la chola ha sido símbolo de estatus. La indumentaria suma los topos (broches para cerrar la manta), pesados aretes, anillos y adornos en el sombrero, muchas veces de oro, de plata bañada en oro o de simple fantasía. Ello sin contar las aplicaciones en los dientes —también de oro— que casi todas exhiben cuando sonríen. “No cualquiera puede ser chola, porque no cualquiera puede pagarse una parada”, insiste Calixta. La parada es el conjunto de pollera y manta que cuesta mil 500 bolivianos (más de 200 dólares). Hay sombreros bombín, como el Borsalino italiano, que puede llegar a costar 500 bolivianos (unos 80 dólares) y las joyas sumarían más de mil dólares. Se dice que una chola de verdad puede llevar encima 10 mil dólares, como cuando cambia la manta de colores por una de vicuña original. Pero en Bolivia ser chola no siempre es motivo de orgullo, porque el denominativo suele usarse de manera despectiva, como un insulto.

Polonia se volvió tímida. De golpeador, su padre pasó a ser cristiano evangélico y toda la familia decidió seguir los designios de Dios. Ella se fue a vivir con sus hermanos mayores en la popular zona de Achachicala. Se hizo artesana, hacía pulseras y collares para que los lucieran las señoritas, como les dice ella a las chicas de pantalones de mezclilla apretados y blusas escotadas. No terminó el colegio porque le tocó trabajar y puso un puesto de venta de sus creaciones, en el mismo centro paceño, donde ahora vive. El negocio creció y compró otro espacio, esta vez para vender enchufes y cables.

Pero un buen día se aburrió, y se convirtió en Juana La India y luego en Carmen Rosa. “Yo la conocí siempre así. Le gustaba la lucha libre y me llevaba a mí a mirar, cuando enamorábamos. Yo me sentaba, aburrido, para darle gusto, para que no renegara”, recuerda su pareja, Óscar Cahuasa, pequeño y bonachón, de rostro moreno.

Los domingos son los días del pueblo en La Paz. Las cholitas salen con sus mejores galas a pasear con los enamorados. Algunas prefieren bailar en discotecas modernas, a ritmos de cumbia mezclados con música andina. Otras se sientan en las plazas a comer frutas y maníes (cacahuates), recorren las ferias o van a fiestas populares. Y están las que acuden a espectáculos de lucha libre, instalados en barrios alejados del centro o en la vecina ciudad de El Alto. Allí fue que en 2004 Polonia leyó un día que el gimnasio de luchadores abriría sus puertas “a la gente común” e invitaba a entrenarse. “Yo fui sin dudar”, dice ahora, en el negocio que puso luego de dejar los puestos de artesanías y enchufes, para instalar un quiosco en el que vende comida; en la calle Murillo 826, entre Santa Cruz y Sagárnaga.

A nadie le llamó la atención que cholitas asistieran, ni imaginaron el morbo que despertaría en el público ver volar polleras y enaguas. Comenzaron los entrenamientos, las caídas, los golpes, las llaves. No todas aguantaron, y algunas desistieron por exigencia de sus esposos. “Un día hicimos un show para la prensa, gratis. Vinieron de la tele, de los periódicos, de las radios. Al día siguiente salimos en el diario La Razón”, recuerda Carmen Rosa, que en ese momento se llamaba Juana La India, “orgullo de su raza”, detrás del mostrador de un bar que atiende a mediodía. Rosa La Furiosa, María La Cachuk’ara, Petronila y Juana La India fueron las primeras en salir al ring. Julia La Paceña y Yolanda La Amorosa, ante el retiro de tres de las cuatro originales, entraron a las tablas; todas con hijos, con cuerpos poco atléticos y más de 30 años. Juan Mamani, El Gitano en las luchas, se atribuye el “descubrimiento”. Él fue quien abrió el gimnasio y lanzó la convocatoria, y él era quien pactaba las peleas de las nuevas estrellas. Las cholitas llegaron a Argentina, visitaron varias regiones de Perú e incluso una de ellas —Julia La Paceña— estuvo con Cristina Saralegui en el famoso show de la rubia. Filmaron dos películas con sus historias (Mamachas del ring y Cholita libre) y el vídeo pirata de sus luchas internacionales se vendió como pan caliente.

Domingo. La Ceja de El Alto es un hervidero de gente, la mayoría migrantes indígenas que llegan a la ciudad en busca de días mejores. Desde los cuatro mil metros de altura se ve La Paz, con casitas colgadas en los cerros y edificios gigantes en el centro. Al frente está el nevado Illimani, como pintado, esperando la foto. En las puertas del Multifuncional deportivo, la gente —especialmente niños— se agolpa esperando entrar para ver el espectáculo. Apenas son las dos de la tarde y vendedores de golosinas y cereales tostados dulces rondan como abejas a los futuros comensales. En unas horas más todos entrarán eufóricos a ganar un buen espacio. “Un día nos dimos cuenta que habíamos llegado a la fama porque nos llegaban más y más invitaciones para viajar con todo pagado”, recuerda Carmen Rosa. Y de la mano de ese éxito llegó el dinero. “Las primeras luchas nos pagaban 20 o 30 bolivianos (menos de cinco dólares), luego fue aumentando, pero nos enteramos que en un viaje a Perú le pagaron (al Gitano) mil 200 dólares y él apenas nos dio 200 para que nos repartiéramos entre cuatro. Después supimos que también cobraba por las entrevistas que nosotras dábamos. Yo empecé a descuidar a mi familia. A mi marido no le gustaba que yo luchara y a mis hijos tampoco, peor cuando viajaba. Muchas veces preferí la lucha antes que a ellos”, cuenta Carmen. Pero Óscar, su pareja, ahora es árbitro de las contiendas y lo presentan como Gato Montini. Con el tiempo aprendió que era mejor unirse que oponerse, y la rabia cedió cuando Polonia dejó de ser Juana La India para pasar a ser Carmen Rosa, en honor a su suegra, la madre de Óscar. Con ese nombre ganó el cinturón de campeona.

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Domingo cuatro de julio. En la zona Ocho de Diciembre de La Paz hay una casa multifamiliar en la intersección de las calles Jaimes Freyre y Rosendo Gutiérrez. Es grande, con un patio de cemento al centro y habitaciones alrededor. En la fachada de ladrillo que da a la calle un letrero amarillo de tela anuncia los nombres de luchadores. A la entrada, al lado de la puerta de latón, otro cartel muestra la foto de tres cholitas, “las originales”, anuncia. Hay festival, pero la hora de inicio depende de la cantidad de público que asista. Éste es el nuevo escenario de Carmen Rosa y su amiga Julia La Paceña, abierto a todo aquel que quiera pelear y que no tenga dónde hacerlo. Lo único que no está permitido —aseguran— es la traición. Óscar arma el ring los sábados en la tarde. El cuadrilátero lo compró junto a su pareja, cansado de tener que pagar los 150 bolivianos (poco más de 20 dólares) que le cobraban por el alquiler. “Nos costó como dos mil dólares”, asegura.

Antes de las tres de la tarde del domingo, llega Rebeca Condori junto a su hijo Fernando de siete años para arreglar algunos detalles. Afanada, amarra duros almohadones en las esquinas para amortiguar las caídas de los pesados cuerpos. Luego extiende unas gastadas lonas con el logo de una telefónica en el piso; regalo de aquellos días de éxito cuando filmaron spots publicitarios. Después acomodará unas largas bancas de madera y muchas sillas de fierro para ponerlas alrededor. Más tarde, como Julia La Paceña, le romperá la cabeza a Carmen Rosa con una caja de madera.

Rebeca viene de una estirpe de luchadores. Delgada, de rostro largo y algunas líneas en el rostro, está a punto de cumplir 35 años. Su padre fue luchador y su hermano es luchador. Ella aprendió de ambos hace 12 años, “pero antes no dejaban luchar a las cholitas”. Cuando vio la convocatoria en El Alto fue como si le abrieran las puertas. Desde entonces es La Julia. Contrariamente a la vida de Carmen Rosa, a ella la apoyaron desde el principio sus hijos y hasta su esposo, que trabaja arreglando partes de vehículos. Un día se lastimó la clavícula y el hombre tímido detrás de la famosa le dijo que no luchara más, que no valía la pena, que ellos no tenían seguro de salud. “Pero yo no pude. Cuando miraba luchar a otros, quería meterme y aunque no lo hago por plata, también me gusta ayudar a mi marido”.

Julia fue la que se animó a alquilar el patio de esta casa a su tío, a mediados de este año, cuando ella y Carmen Rosa decidieron ser independientes. Paga por el uso de las sillas y de lunes a viernes alterna sus labores en la casa con la promoción de los festivales dominicales, para que la gente conozca el nuevo lugar de las cholitas luchadoras. Junto a Carmen Rosa manda a imprimir volantes, sale en un auto por los barrios populares a anunciar sus peleas y va a los medios de comunicación mostrando parte del show. La idea es —dice— recuperar al público que las conoció y que ahora piensa que ellas continúan en El Alto, porque les pusieron sus nombres a otras mujeres más jóvenes “que sólo se convierten en cholas los fines de semana”.

Como a las cinco abren la puerta y niños agarrados de papas fritas y golosinas entran desaforados con sus padres. Después de varios minutos, unas 50 personas empiezan a gritar “¡hora!” para que empiece el espectáculo. El Payaso Coco Loco y Salvaje son los primeros en pisar la lona. Alí Farak, el árbitro pequeño y delgado que se parcializa con los rudos, recibe silbidos y le lanzan basuras desde las bancas. Adentro, en los camarines, se vive otra fiesta. Cada luchador se prepara a su modo antes de entrar al cuadrilátero. Algunos, fieles a sus costumbres aymaras, ch’allan (agradecen) a la diosa Pachamama o madre tierra con un poco de cerveza, otros simplemente se concentran. En la segunda pelea aparece Barba Negra. Macizo, de traje rojo, inicia su show insultando al contrincante, un torero panzón de corbata corta, pero el momento cúspide será la tercera pelea.

Carmen Rosa es ruda. Enfundada en una manta guinda y una pollera del mismo color entra agarrando una bandera boliviana, como lo hizo la primera vez que se mostró en Argentina. Sus manos adornadas en oro se agarran de las cuerdas y pese a esos kilos de más, sube con la facilidad de una atleta. Insulta. Grita. Despotrica. “Ellos no son nada”, aúlla en el micrófono, refiriéndose a los hombres. Su contrincante, La Julia, también entra gallarda, aunque no con tanta fuerza como la campeona. Ella es técnica y, esta vez, ganará la partida.

La lucha dura 20 minutos. Puñetazos, saltos, caídas. Un hombre gordo de bigote grueso insulta al fotógrafo que no le deja ver la lucha. Una mujer agarra al árbitro y lo golpea. Sale otro luchador y ayuda a Carmen Rosa. La sangre corre. Gato Montini, el árbitro que entró en lugar de Alí Farak, termina con la camisa destrozada. Cae desde el ring y otro rudo lo mete al camerino a empellones. En el afán, le golpean la cabeza. “Ha sido un buen show”, dirá después, cuando todos celebran el cumpleaños de Farak con un pedazo de pan guardado.

Como a las siete de la noche todo ha terminado. Los luchadores se quitan las máscaras, envuelven los trajes; Benita se saca las polleras y se pone los pantalones de mezclilla. Tiene 29 años y estudia enfermería. “Mi madre es de pollera, pero yo no puedo ir así a la universidad, porque todavía hay discriminación”, reclama. Dice Carmen Rosa que de las casi 20 cholitas que se dedican a este deporte —la mayoría en El Alto, con El Gitano— sólo tres son “originales”. El resto son “señoritas que se disfrazan. Hay tan pocas que incluso hay una que entra con una máscara, pero en realidad es un hombre con el pelo largo”.

El quiosco donde Polonia prepara su comida es pequeño. Está dentro de una casa antigua, de dos patios, donde vive con su esposo y sus hijos, Lucía Corina (23) y Bismarck (17), también luchador. La mujer gallarda y elegante ha quedado oculta detrás de un delantal y un gorro blanco que esconde esporádicas canas. Los lunares que ayer lucían coquetos al lado de sus ojos ahora están detrás de un par de gafas. Entre ollas, platos y fuentes de plástico, la mujer empieza su jornada a las seis de la mañana. De lunes a viernes prepara comida para 70 comensales y al nacer la tarde se encarga de recoger todo, cobrar y asear el lugar. Los sábados después del mediodía se va a los entrenamientos, casi siempre con ropa vistosa, porque los periodistas continúan llamándole.

Rebeca también deja los golpes para los fines de semana. Los demás días es la mamá de dos chicos, a los que les gusta verla pelear. Le encanta bailar morenada, el ritmo folklórico donde nuevamente la chola luce sus mejores galas y se mueve como arrastrando los pies al ritmo de una banda. Quizá este placer sea el único que puede compararse al que siente cuando sube al cuadrilátero. A este dúo hasta ahora inseparable se supone que debería sumarse Yolanda La Amorosa. Alta, de manos largas y rostro agraciado, ella ha preferido continuar sus luchas en El Alto. La conocí un sábado que llegó a entrenar junto con sus amigas en la casona del barrio Ocho de Diciembre; es la más animada y la más bromista de las tres. Cuando se juntan, el típico grito paceño de “¡yaaaa!” se oye cada vez que termina una frase. Tanto Carmen Rosa como Julia esperan que en algún momento ella vuelva para formar un trío imbatible, pero entre broma y broma La Amorosa dice que por el momento gana más junto al Gitano.

Polonia tiene ya 40 años y piensa en el retiro. En abril fue candidata a cuarta concejal por su ciudad, invitada por Lino Villca, un ex aliado de Evo Morales. No obtuvo muchos votos, pero pretende seguir en la carrera política. Quiere terminar el colegio para dejar de engrosar las odiosas estadísticas que dicen que la mayoría de las mujeres indígenas no logra terminar el colegio ni una carrera por falta de oportunidades. Pero también quiere formar a nuevas luchadoras, cholitas jóvenes que ocupen su lugar cuando se vaya. Julia en cambio piensa seguir luchando hasta que el cuerpo se lo permita. “La Carmen ya tiene 40 y está muy bien”, sonríe. Para ella el sueño es seguir viajando, consolidar esta pequeña empresa y hacer una asociación de luchadores justa, que tengan seguro de salud y donde sean tratados como se merecen.

Ninguna de ellas vive estrictamente de la lucha libre. Saben que sería imposible. Un luchador famoso cobra 300 bolivianos (más de 40 dólares) por asistir a un festival y los más jóvenes todavía deben trabajar duro para aprender a dar el espectáculo que el público exige. Mientras tanto, Carmen Rosa está dispuesta a dar pelea, y Polonia a ayudarla.

MSemanal

Rlloretc

martes, 27 de diciembre de 2011

Dina demostró ayer por qué le dicen “la reina del ring”

Dina demostró ayer por qué le dicen “la reina del ring”. Y es que en una lucha de menos de 15 minutos logró tumbar a su contrincante, Satinador, que ingresó con un traje camuflado, de ésos que utilizan los militares.

La contienda comenzó en el cuadrilátero que fue ubicado en el garaje de la Cinemateca Bolivia, donde además de esos luchadores se presentaron Bismark Junior y Tobi, entre otros, que hicieron vibrar al público con sus movimientos y con la rudeza con la que se enfrentaban cuerpo a cuerpo.

Dina, que ingresó ataviada con una manta roja y una pollera multicolor, esperó serena en una de las esquinas, con los brazos sobre las cuerdas. Al principio, la lucha comenzó en el cuadrilátero, pero concluyó fuera del ring, en el cemento.

Pero las luchadores que fueron esperadas y a las que el público también ovacionó fueron Carmen Rosa La Campeona, Julia La Paceña y Yolanda La Amorosa. Todas ellas hicieron gala de sus habilidades en el ring. Las polleras y las trenzas que las caracterizan no fueron un impedimento para pelear de igual a igual con los varones. A diferencia de ellas, los hombres tenían cubiertos sus rostros con máscaras y eran más musculosos.

Con saltos, golpes y otros movimientos propios de la lucha libre, las mujeres se impusieron ante un público de todas las edades, desde niños hasta personas de la tercera edad.

El luchador Tobi fue uno de los más abucheados, pues ni bien ingresó al garaje pateó una de las sillas. El arbitro, Gabo Montino, también recibió las rechiflas del público porque en lugar de dirigir la contienda se puso a golpear a Bismark Junior.

El show, denominado “Fiesta film viendo las estrellas” comenzó a las 21:30, aproximadamente. Como parte del escenario fue montado un juego de luces que hacía que el ambiente se volviera una discoteca.

La música no faltó y tampoco quienes bailaron al ritmo de ella, mientras en el cuadrilátero se desarrollaban las feroces peleas.

También se habilitó una pantalla gigante donde se proyectó de manera simultánea el documental sobre las luchadoras, donde no sólo se muestra las luchas en el cuadrilátero, sino también su pelea en su diario vivir, su sobrevivencia junto a sus familias y esposos.

La saya afroboliviana también encantó al público y se apoderó del ring con sus movimientos.

Lo paradójico fue que fuera, en el ring, los luchadores son enemigos, pero en los camerinos todos ellos, como buenos amigos, entrenan juntos.

martes, 6 de diciembre de 2011

Cholitas Luchadoras en World Press Photo

Pese al frío y las incomodidades, la muestra del World Press Photo 2011, que se exhibe en el Museo San Francisco, está a punto de superar el número de visitantes registrado el 2007 (18.000).

Luego de tres semanas de exposición, la muestra del World Press Photo 2011 ha recibido más de 17.000 visitantes, informó José Luis Ríos, director ejecutivo del Centro Cultural Museo San Francisco, lugar donde las principales fotos de prensa a nivel mundial se hallan en exhibición para el público.

“El peor día (7 de julio) recibimos 830 visitantes, mientras que la mejor jornada (5 de julio) 1.545 personas vinieron al museo”, manifestó Sandra Boulanger, curadora de la muestra, que estima que hasta el 17 julio, fecha en que se cierra la exposición, recibirán poco más de 20.000 visitas.

“En años anteriores contamos con la presencia de colegios, pero en esta ocasión la exposición coincidió con las vacaciones invernales”, señala Ríos. Pese a eso, y a la incomodidad, en el acceso al museo, que conlleva el trabajo del municipio en las áreas circundantes, el Director del Centro Cultural considera que la muestra fotográfica ha sido la exposición más exitosa, en términos de asistencia y comentarios, de este año.

Ni siquiera las bajas temperaturas que se registran en nuestra ciudad han logrado reducir la afluencia de visitantes.

“A las nueve de la noche es cuando más gente hay, aunque a esa hora el frío se siente con mayor intensidad”, confirma Ríos y añade: “Sandra (Boulanger) consolidó este evento anual, con un trabajo de hormiguita, a fin de traer una exposición gráfica de primer nivel al público paceño”.

Una de las imágenes más visitadas es la secuencia de las cholitas luchadoras, que, en palabras de Ríos, “representa la presencia de la cultura chola a nivel internacional, y sobre todo, de la mujer de pollera”. Al respecto, Boulanger indica que en versiones anteriores del concurso World Press las fotos de estas cholitas ya estuvieron presentes, pero enviadas por otros reporteros gráficos, aunque el jurado de entonces no les encontró relevancia noticiosa.

Aparte del trabajo de Boulanger, la muestra llegó a la ciudad de La Paz gracias al patrocinio de la Embajada de los Países Bajos, del Ministerio de Culturas y de la Oficialía Mayor de Culturas. Luego del 17 de este mes, las fotos serán enviadas a Holanda, de donde partirán a otro país.

Cifras
Visitantes
Este año se espera batir el récord de asistencia que se alcanzó el 2007: 18 mil visitas.

Curadora
S. Boulanger
La gestora cultural se encarga, desde hace varios años, de organizar la exhibición gráfica.

Patrocinio
Holanda
La Embajada de los Países Bajos en Bolivia es el principal patrocinador del World Press Photo en nuestra ciudad.

La Razón

domingo, 13 de noviembre de 2011

Radiografía de las Cholitas Luchadoras Bolivianas

Los bolivianos ya estaban hartos de Titanes en el Ring y otros semejantes, así que los luchadores probaron con dejar entrar a sus mujeres, cholitas obedientes y aferradas a las tradiciones. No sabían lo que les esperaba, cuando le tomaron el gusto al deporte (o a la violencia, andá a saber) terminaron partiéndose cajones en la cabeza para deleite de los espectadores y de los patrocinadores.

Porque como de costumbre, esto parece un triunfo en la igualdad de sexos, pero qué querés que te diga. Se le siente un tufillo a nuevo modelo de explotación femenina. ¡Quién lo hubiera esperado de las más profundas tradiciones andinas? Pero ahí está, nos lo trae Alberto Moroy para nuestra sorpresa y para que veas que estas cosas que parecen tan modernas resulta que tienen origenes milenarios. Por si te interesa agregamos que chauvinismo estaría mal usado también en este caso, que se ajusta más a “misoginia” (odio o desprecio a las mujeres) o quizás también “ginofobia” (temor a las mujeres). ¿O ambas cosas son perversamente lo mismo?

Hoy Viajes nos lleva a La Paz, Bolivia para conocer un deporte extraño en cuanto al género de quienes lo practican, ya que el “Cachacascan criollo”, que muchos conocimos, (Titanes en el Ring, Gladiadores del Ring,) era y es practicado por hombres. En la portada Mujeres bolivianas de mediana edad, vistiendo las tradicionales faldas largas y sombreros, luchan hasta el fin, en uno de los deportes más extraños: la lucha libre femenina boliviana. Si bien el origen es moderno 2003, las raíces hay que buscarlas en el “Tinku”, un ritual y danza folklórica de Bolivia, de tiempos incaicos.

Estas combatientes vestidas extrañamente, en su mayoría madres y amas de casa, son héroes, donde miles de personas se reúnen para ver los combates cada semana. Las luchadoras son conocidas como “Cholitas”, y es extraordinariamente difícil competir, pues las mujeres saltan desde las cuerdas, vuelan por el aire y se golpean con verdadera fuerza. Lesiones y caras ensangrentadas son comunes. Las reglas permiten que se puedan romper cajones de madera sobre las cabezas de sus contrincantes.

Las peleas de las cholitas luchadoras han comenzado a extenderse por este país andino. El fenómeno empezó hace casi ocho años cuando los luchadores masculinos, desesperados por atraer más público a sus espectáculos, decidieron subir a mujeres al ring. Las primeras peleas se dieron en El Alto, ciudad-dormitorio de La Paz, pegada al aeropuerto J.F. Kenedy, de un millón de habitantes, a más de 4.000 m de altitud y de mayoría Aymará. Ya en el 2003, vi a mujeres pelear en una calle, me llamó la atención que la gente se arremolinara, pero nadie se animo a separarlas ,comento un turista. En las ciudades de El Alto y La Paz, las más pobladas de Bolivia, ya hay al menos ocho grupos de cholitas luchadoras, que se presentan con sobrenombres de batalla sugestivos, como ‘Juanita, la cariñosa’, ‘Elizabeth Rompecorazones’, ‘Jennifer Dos Caras’, ‘Marta, la Alteña’, ‘Remedios, la misteriosa’ o ‘Silvina, la Poderosa’.Las luchadoras suelen ser amas de casa o comerciantes

Relato

Llegó la hora de Yolanda “La Amorosa”. La luchadora, de menos de 30 años, camina hacia el ring con la elegancia de una actriz que llega al Festival de Cannes. Levanta la mano para saludar a su público, que la aplaude, le grita, la alienta, le chifla, le exige. Camina lento, con estirpe real y bambolea su faldón rosa. No parece una luchadora ruda, sino más bien una princesa inca. Tiene los ojos achinados, la nariz fina a pesar del puñetazo que más tarde supe que le pegó su padre, los labios grandes y el pelo azabache. Lleva una mantilla tejida a crochet y aros que parecen de oro, y que se quitará antes de luchar. Yolanda La Amorosa sube al ring y le muestra a sus seguidores lo que ellos quieren ver: puños cerrados y cara de mala. Hoy son más de 10 luchadoras que lograron que el cachacascán boliviano llegara al Show de Cristina en Miami, al National Geographic, a diarios españoles y alemanes; a la pantalla grande. El filme Cholita Libre, que retrata la vida y la lucha de cuatro bolivianas ganó recién el Festival de Cine y Mujer en Argentina.
Posibles orígenes

El Tinku es un ritual y una danza folklórica de Bolivia. El significado de la palabra Tinku en quechua es “encuentro” y en aymará significa “ataque físico”. es un ritual preincaico que se practica anualmente durante varios días en las comunidades de la región denominada Norte Potosí y en Sur Oruro en Bolivia. El tinku es originario de la región en que habitan los Laimes y Jucumanis (comunidades quechuas), situada al norte del departamento de Potosí y al Sur del departamento de Oruro. El rito ceremonial constituye un combate entre comunidades que se efectúan en entre varones, mujeres “Imilla wawas” (mujeres solteras) y niños de ambas comunidades. Los enfrentamientos corresponden a un ordenamiento social establecido. Generalmente las peleas son de uno contra uno, pero muchas veces el excesivo consumo de sustancias alcohólicas como la chicha lleva a peleas en conjunto, las que pueden causar graves heridas y hasta muerte. Últimamente las peleas están siendo controladas y vigiladas por un árbitro, que son las autoridades máximas de estas comunidades; ”el Cacique y el Alcalde Mayor.

El Correo

martes, 8 de noviembre de 2011

Cholitas Luchadoras verdaderas guerreras cerca del cielo

Durante más de diez años, la lucha libre femenina ha capturado la atención de locales y visitantes en El Alto, Bolivia. Estas mujeres agregan un poco de tradición a este popular deporte: ¿En qué otro lugar se podrían ver enaguas bajo coloridas polleras, chales con flecos, gruesas trenzas y sombreros de bombín luchando en un cuadrilátero?

Sara Shahriari y Tim Clayton colaboraron con el siguiente video sobre Yolanda la amorosa, una luchadora de El Alto, quien a pesar de la preocupación de su madre, sube al cuadrilátero para luchar por su derecho a ser más de lo que la sociedad estima “apropiado” para una mujer.

Yolanda la Amorosa es miembro de “Titanes del Ring” grupo de lucha que lleva a cabo su función todos los domingos en el Centro Multifuncional de El Alto, Bolivia. El grupo incluye a las cholitas, un grupo de mujeres indígenas que luchan contra hombres, así como entre ellas mismas por sólo unos cuantos dólares cada fin de semana. Yolanda vive con sus dos hijas Adriana y Carmen, en las colinas con vista a La Paz. Bolivia.

Entonces con un movimiento rápido se aleja del cuadrilátero, pone sus manos en la parte superior de las cuerdas, montándose en la segunda. Comienza a rebotar en la cuerda hasta tirar sus piernas y cuerpo hacia el exterior. En este momento se suelta de tal manera que vuela directo al torso de su oponente. El resultado fue un charco de polleras y trenzas en el centro del cuadrilátero.

Acabo de ser testigo del vuelo y el aterrizaje de una de las Cholitas luchadoras y sólo pensé: “¡La batalla de polleras está a toda marcha!”

Ver a las luchadoras en El Alto no sólo se ha convertido en un pasatiempo para locales sino también una atracción turística; lo cual es evidente al ver las decenas de videos cargados en YouTube donde aparecen las cholitas.

Cuando nos sentamos estaba más bien molesto. Nos habían enviado a la “fila de extranjeros”, donde las entradas costaban tres veces más de lo normal. Más o menos $7 así que no había problema. Pero al entrar, nos dijeron que nos sentáramos en una sección especial para “extranjeros”. ¡No gracias! Jürgen y yo nos escurrimos a la sección “regular” y nos sentamos junto a una pareja de fanáticos de lucha libre que nos bombardeaban con preguntas entre pelea y pelea.

La lucha libre es una experiencia boliviana por antonomasia y la recomendamos. Ninguno de los dos esperaba divertirse tanto… me dolía el estómago de tanto reírme. Aunque es evidentemente fingido, ver a estas mujeres ser golpeadas por un hombre puede ser algo espeluznante, así que tal vez las feministas radicales no querrán acercase a este tipo de evento. Pero si un poco de violencia no hace daño a su humor, definitivamente véanlo.

Web

Las Cholitas Luchadoras comenzaron a Luchar desde el 2002

El fenómeno de las "Cholitas Luchadoras" comenzó en Bolivia en el año 2002, cuando los organizadores de eventos de lucha libre buscando mayor concurrencia, decidieron incluir mujeres.

Sin duda alguna este es un espectáculo de lucha libre distinto. Las "trenzas largas y polleras al aire" son una marca distintiva de las "cholitas luchadoras", como las llaman en Bolivia.

En 2003, "vi a mujeres de pollera pelear en una calle de El Alto; me llamó la atención que la gente se arremolinara, pero nadie se animara a mediar o a defenderlas. Ahí­ se me ocurrió la lucha de cholitas", cuenta Nelson Calle, un promotor del show.

El espectáculo comenzó a popularizarse. Tanto, que en El Alto y La Paz, las ciudades más pobladas de Bolivia, ya hay ocho grupos de "cholitas luchadoras", que presentan nombres tan sugestivos como "Juanita, la cariñosa", "Elizabeth Rompecorazones", "Jennifer Dos Caras", "Marta, la Alteña", "Remedios, la misteriosa" o "Silvina, la poderosa".Revista Gobierno

sábado, 5 de noviembre de 2011

Las patadas voladoras de las Cholitas Luchadoras de Bolivia

Todos los domingos se reúnen en un coliseo de El Alto, en Bolivia, un grupo de mujeres campesinas que optaron por combinar sus labores domésticas con un pasatiempo peculiar: patadas voladoras, puñetazos y llaves de lucha. Llevan más de diez años arriba del ring y sus acrobacias se han convertido en parte del turismo surreal altiplánico.

Los domingos en El Alto son días de misa, mercado, puños y patadas. Estos últimos entre mujeres: los domingos son días de lucha libre entre cholas, mujeres campesinas que migraron a la ciudad y visten con pollera y sombrero de copa.

La cita es en el coliseo Multifuncional, una especie de hangar helado en cuya entrada se amontonan los fanáticos del espectáculo que quieren asegurar un buen lugar en las graderías. La gente se mezcla con los puestos de comida iluminados por lamparitas a gas, los vendedores de cintillos de colores y recuerdos del evento y uno que otro revendedor de entradas.

Una pancarta verde fosforescente anuncia a Los Titanes del Ring, acompañados de las Cholitas Cachascanistas (luchadoras). Pase, ocho bolivianos, ocho pesitos no más, pase, grita un hombre en la puerta. Adentro, un cuadrilátero yace a la altura del punto penal del coliseo y el acceso a los camerinos está flanqueado por un telón verde gastado por el uso. Detrás de este se asoma duditativo un hombre mínimo. Lleva un terno café que alguna vez fue elegante.

Se acerca al cuadrilátero con un micrófono y anuncia que las luchadoras se aproximan al escenario, están calentando. No se impacienten querido público, ya vendrá Dos Caras, La Momia, Mascarita Feliz y las Cholas Cachascanistas, dice para luego preguntar quiénes son hinchas de The Strongest y quiénes de Boliviar, los dos equipos de fútbol más populares de la capital boliviana.

La Roca

La melodía de una morenada interrumpe su animación. La gente que conoce el espectáculo se levanta de sus asientos y comienza a bailar: entra Carmen Rosa, una de las estrellas del evento. De la tribuna le llueven aplausos, besos y silbidos.

La música se corta y tras la cortina verde aparece Julia, La Paceña. Tiene en sus manos un cable que, se supone, es el de la música. “Carmen es buenita y Julia es la mala, todos los domingos se pelean, enemigas son”, nos dice un joven, mientras sus compañeros de asiento ríen por la escena.

Un abucheo generalizado inunda el lugar, acaba de llegar ‘The Undertaker’ aymara, y se va a enfrentar a la Roca, el malo contra el bueno con polleras, trenzas y sombrero.

Julia corre al cuadrilátero, le quita el micrófono al hombre de terno y grita: “Yo soy la campeona y huasca te voy a dar a vos”. Aúlla. Cuando dice ‘a vos’ se refiere a Carmen, y con ‘huasca’, quiere decir que la va a revolcar.

“De mentiras es, hay una de ellas, que no está acá, que es profesora de colegio.- Dice el joven sentado cerca de nosotros y que poco a poco se convierte en el relator del puño va”, patada viene.

Arriba en el cuadrilátero ambas mujeres se miran con desafiante pasión criminal. Carmen abre la sesión. Da una carrerita corta se coloca detrás de ‘La Paceña’, la toma de sus dos trenzas y…zas!, la hace girar por el aire. ¡Que comience el combate! Julia golpea contra las cuerdas, se impulsa en estas y rebota disparada hacia Carmen que la recibe con una patada en el pecho. El público responde con aplausos y gritos.

El piso del ring está relleno con trapos y algodones y la escena entera recuerda a un set maltrecho de Laura en América. Pareciera que de un momento a otro alguien va gritar con voz ronca ‘Que paseeee la otra’. Pero acá no hay otra. Solo Carmen Rosa y Julia. Machetazo va, voladora viene. Llave Aunque todo es actuado, desde la tribuna se puede ver que existe contacto físico y ocasionalmente Carmen o Julia se encajan uno que otro golpe.

El público lo nota y aplaude cada contacto con dolor. Sin embargo, lo que más se aplaude es cuando alguna de ellas ejecuta una maniobra que deja, a una o a las dos a la vez, con los calzones al aire. “Un cuate me ha contado que una de las luchadoras se rompió la cabeza con un fierro y la han tenido que llevar al hospital”, comenta nuestro nuevo amigo.

Justicia Divina

Después de unos minutos parece que Carmen está perdida, se ve noqueada en el piso y su contrincante se trepa en una esquina, levanta los brazos pidiendo el apoyo del público y salta con el codo extendido apuntando a la espalda de su contrincante. Pero no. Carmen reacciona y se corre a tiempo. Julia se azota contra la lona y la otra, aún en el suelo, le aplica una llave asfixiante con las piernas.

Un hombre entra en escena, sube al ring y golpea al árbitro con una silla plegable. Una vez noqueado, lo levanta con esfuerzo y lo tira fuera del cuadrilatero. Ahora que no hay ley, se ensaña contra Carmen. Dos cachetadas, !zas zas! Es el marido de Julia, viene en su defensa y no parece manso.

La agresión provoca el abucheo del público que grita “maricón, maricón”. La gente, familias, mujeres, niños y jóvenes, parece afectada por la escena.

Pero, justicia divina, del camerino sale veloz como puma andino, un hombre gordo y bigotón que sube al ring y golpea al marido de Julia con una patada. La escena se repite: el marido de Carmen viene en su ayuda. Su atuendo es una mezcla de ropa deportiva y pijama.

La situación pareciera salir de control mientras el maestro de ceremonias finge sorpresa y dice por el micrófono que esto es insólito. En el cuadrilátero el clan de Carmen Rosa domina al matrimonio rival. Él contra ella, ella contra él.

Los hombres abandonan el ring abucheados por el público y las trenzas de ambas mujeres son ahora un recuerdo. Su greña suelta las hace ver como sobrevivientes de una tragedia. A la larga, solo Carmen Rosa sobrevivirá a este combate.

Nuevamente solas en el ring, Carmen Rosa sigue con el puño-patada-puño-patada lastimando a su contrincante. Ha sido mucho par las dos, el show lleva más de 10 minutos y decide que Julia debe morir con un llave: se sienta encima de ella y le retuerce una pierna hasta que La Paceña pide paz.

Se la dan y los fanáticos aplauden la audacia de ambas luchadoras, aunque algunos lanzan al cuadrilátero botellas plásticas vacías. La morenada se enciende de nuevo en señal de que la victoriosa es Carmen: “Cuánto cuestas cuánto vales amor mío, si tu quieres yo te pago”.

Esta es solo la primera de cinco peleas programadas para la tarde de entretención familiar. Los siguientes combates enfrentan a luchadores disfrazados de power rangers contra un par vestido con una especie de mameluco negro.

Más adelante vendrán combates entre mujeres sin pollera -o birlochas- y cholas. Pero sin duda, el espectáculo que ambas mujeres acaban de dar en el escenario es de lo más rescatable de la tarde: calzones, golpes y baile.

Luego de las sesiones de violencia fingida el público se retira poco a poco, todos a pie entre las calles inundadas de barro y cientos de miles de plásticos y cáscaras de fruta. Es domingo en El Alto, mañana Carmen Rosa será una mamá más y Julía seguro tendrá dolor de cabeza. Las calles de la ciudad se llenan de micro buses que gritan su destino: Ciudad Satélite, Alto Lima, Achumani, Calacoto, San Miguel, Pérez Velasco.

The Clinic

Correo electrónico: cholitaswrestling@gmail.com

miércoles, 2 de febrero de 2011

Cholitas luchadoras, música, baile y cine, en un misma fiesta

Fiesta Film: La Cinema-teca juntará DJ con la Saya Afroboliviana y las cholitas luchadoras. Será el viernes 17, en su sede.

Será una fiesta como pocas se han visto en La Paz. Combinará, en un mismo ambiente, música electrónica, mezclas en vivo, baile con la Saya Afroboliviana y cholitas luchadoras. Todo, decorado con ambiente de lucha libre y proyección de videos. Se trata de la Fiesta Film Viendo Estrellas.

La cita es el viernes 17 a las 20.30. El atractivo mayor será la presentación de Mamachas del Ring. Allí estarán Carmen Rosa la Campeona, Julia la Paceña, Yolanda la Amorosa, para las que la lucha libre es una forma de vida.

La fiesta será también el preámbulo del estreno del documental Las Mamachas del Ring, de la directora coreana-norteamericana Betty Park, que muestra la vida de una de las luchadoras, Carmen Rosa, dentro y fuera del ring, y las tribulaciones que afronta junto a su esposo, su familia y sus compañeras. La película se exhibirá en la Cinemateca, aunque aún no tiene fecha de estreno.

La fiesta temática de la Cinemateca apunta sobre todo a los jóvenes paceños. Se hará en la misma Cinemateca y los organizadores prometen servicios y seguridad, decorados temáticos, proyección de imágenes, iluminación y sonido profesional.

Hay espacio para 600 personas. La Cinemateca tendrá sus propios invitados, pero esperan que los jóvenes se sientan atraídos por la ambientación diseñada por renombrados artistas del medio, y los DJ más famosos de La Paz, cuyos nombres aún no se confirman.

Eso sí, está asegurada la participación de la Saya Afroboliviana, cuyos danzarines compartirán con el público y las luchadoras.

Fuente La Prensa

viernes, 7 de enero de 2011

Película alemana sobre cholitas luchadoras, premiada en Argentina

La película alemana Cholita Libre y la cinta argentina Ana y Mateo obtuvieron los máximos galardones en el Primer Festival Internacional de Cine y Mujer por la Equidad de Género, Mujeres en Foco, que finalizó ayer en Buenos Aires.

La alemana Cholita Libre triunfó en la categoría de largometraje, por delante de la película venezolana Tambores de agua, informaron los organizadores del festival.

Cholita Libre, realizado por las alemanas Jana Richter y Rike Holtz, retrata la vida de cuatro mujeres indígenas que son luchadoras libres en Bolivia.

En la categoría de cortometrajes, la argentina Ana y Mateo obtuvo la máxima distinción, mientras que la italiana Il corpo delle donne se ubicó en el segundo puesto.

Ana y Mateo, dirigida por la argentina Natural Arpajou, refleja la soledad de dos niños de siete y cuatro años que carecen de una figura paterna.

Un total de cinco largometrajes y seis cortometrajes participaron en el concurso del Festival Mujeres en Foco, que culminó ayer tras seis días de proyecciones de películas, conferencias y talleres.

Cintas brasileñas, francesas, indias y españolas compitieron en el festival, que contó también con la presencia de la premiada directora española Helena Taberna, quien participó en diversas actividades.

La organización del evento valoró muy positivamente el desarrollo de esta primera edición, a la que asistieron más de un millar de personas.

Fuente El Deber

El objetivo es pasar de ser sala de estrenos a centro cultural

Para detener la crisis que atraviesa la Cinemateca Boliviana, Marcos Loayza y Mela Márquez anuncian el desarrollo de un cambio de enfoque en la administración del archivo, control estricto sobre lo que se exhibe y la realización de proyectos financiados por entes externos.

“La Cinemateca debe ser más que un conjunto de salas de estreno. Es un centro cultural y tenemos que manejarlo como tal”, enfatizó Loayza, mientras que Márquez indicó que se planea aumentar el número de actividades paralelas a las proyecciones de las películas.

Este cambio, que según los dos cineastas ya está en proceso, incluye la realización de cursos nacionales e internacionales sobre cine, talleres, presentaciones teatrales, exposiciones de arte y otros.

Asimismo, se planea conseguir financiamiento para proyectos que involucren a una parte específica del personal que, de esta manera, dejaría de depender de la taquilla para su mantenimiento. Entre estos planes está el plan “Imágenes de Bolivia en el Exterior”, que consiste en recuperar la filmografía sobre el país que está en el extranjero, además de la restauración de las primeras cintas nacionales guardadas en el archivo.

Por otro lado se buscar crear un espacio para niños y jóvenes. “Queremos ofrecer cine de calidad para niños, con el fin de formarlos y crear un público futuro”, adelantó Loayza. Márquez indicó que, desde esta semana, habrá cada cierto tiempo fiestas temáticas relacionadas con el cine. El viernes 17 se comienza con Viendo Estrellas, referente a las cholitas luchadoras, se tendrá documentales y un espectáculo en vivo.

Pero la medida más drástica es la de abandonar los estrenos taquilleros y el de evaluar las producciones nacionales antes de su proyección. “La Cinemateca no debe competir con las multisalas. Debemos enfocarnos en ofrecer un cine diferente, el cine de los premios Oscar, Cannes, Berlín, cine arte y no dejar que la venta de entradas determine nuestras acciones”, determinó la directora de la institución.

Los tres últimos directores

-Vanessa De Britto fue directora desde 2004 hasta marzo de 2008. En su gestión se inauguró el nuevo edificio.
-Antonio Eguino asumió en 2007. Terminó en junio. En su gestión todas la cintas nacionales se estrenaron en la Cinemateca.
-Mela Márquez dirige desde septiembre. La Cinemateca recibió un premio por la restauración de Wara Wara.

Evaluarán el cine nacional

“Hemos creado una comisión que evaluará las películas bolivianas para determinar su calidad y ver si serán exhibidas”, reveló Márquez. La directora de la Cinemateca explicó que no se trata de censurar, sino de “darle al público el debido respeto”. Márquez y Loayza coincidieron al indicar a las malas cintas nacionales como parte de las causas de la crisis en las salas.

“Hay una amplia producción boliviana en los últimos tiempos, no toda buena. Pero, al ser nacionales debíamos exhibirlas y eso, cuando la cinta fue muy mala, nos perjudicó. Perdemos ingresos en taquilla y, para el colmo, tenemos que organizar nosotros la premier. Eso se acabó. Las mostraremos siempre que cumplan requisitos de calidad en sonido, imagen y en guión”, advirtió la cineasta.

Ofertas para el fin de año

Para las fiestas de Navidad y Año Nuevo la Cinemateca alistó tres ofertas para su público. La primera es la realización de la primera fiesta filme, denominada Viendo las estrellas. Este evento, que se celebrará el viernes 17 de diciembre, es complementario a un ciclo de cine sobre las Mamachas del ring, las cholitas luchadoras.

La velada estará animada por espectáculos en vivo y la participación de DJ locales y de la Saya Afroboliviana. El costo es de Bs 50. La segunda oferta es la realización del festival de cortos bolivianos que se desarrolla ahora. Finalmente se ofrecerá una “caja de cine” con una selección de DVD de cintas nacionales, firmadas por sus directores, libros de Luis Espinal, una botella de vino y un chocolate especial. El costo será de $us 100.

Fuente La Razón

La Cinemateca anuncia una fiesta con DJ y Lucha Libre

La Cinemateca Boliviana prepara una fiesta para el viernes 17 a partir de las 20:30 denominada Fiesta Film Viendo las Estrellas, que tendrá como novedad un ring donde habrá lucha libre de cholitas.

El público, que deberá pagar 50 bolivianos para el ingreso, también podrá disfrutar de la música de los mejores DJ de La Paz, como también de la música de la saya afroboliviana.

“La fiesta se desarrollará en una amplia y cómoda infraestructura, con servicios y seguridad, con proyección de imágenes, iluminación y sonido profesional, ambientación diseñada por renombrados artistas y profesionales de nuestro medio”, dice el comunicado de la Cinemateca.

Este evento se realiza en el contexto del estreno del documental Ring y sus titanes, del director italiano Miko Meloni, quien estuvo presente.

Las luchadoras

En el ring estarán presentes las cholitas luchadoras de La Paz: Carmen Rosa la Campeona, Julia la Paceña, Yolanda la Amorosa, y otras mujeres aymaras quienes viven una auténtica pasión por la lucha y que participaron en el documental Las Mamachas del Ring, de la directora coreana-estadounidense Betty M Park. Es una cinta que pronto se estrenará en la Cinemateca y que muestra la vida de una de las luchadoras, Carmen Rosa, dentro y fuera del ring, y las tribulaciones que enfrenta junto a su esposo, su familia y sus compañeras.

La Fiesta Film Viendo Estrellas se realizará dentro de la política cultural de la Cinemateca, de apoyo y difusión de la integración y pluralidad cultural, y con el propósito de garantizar la autosostenibilidad de la institución, dice la nota de prensa.

La fiesta recibirá aproximadamente a 600 personas, más invitados especiales que le darán un matiz importante dentro de los eventos que constantemente realiza la Cinemateca Boliviana.

Fuente Página Siete