martes, 21 de diciembre de 2010

El nuevo atractivo turístico de La Paz: Cholitas en el ring

Llegó la hora de Yolanda "La Amorosa". La luchadora, de menos de 30 años, camina hacia el ring con la elegancia de una actriz que llega al Festival de Cannes. Levanta la mano para saludar a su público, que la aplaude, le grita, la alienta, le chifla, le exige. Camina lento, con estirpe real y bambolea su faldón rosa. No parece una luchadora ruda, sino más bien una princesa inca. Tiene los ojos achinados, la nariz fina -a pesar del puñetazo que más tarde supe que le pegó su padre-, los labios grandes y el pelo azabache. Lleva una mantilla tejida a crochet y aros que parecen de oro, y que se quitará antes de luchar. Yolanda La Amorosa sube al ring y le muestra a sus seguidores lo que ellos quieren ver: puños cerrados y cara de mala.

Es domingo en el Multifuncional de El Alto, el gimnasio a 3.900 metros de altura que funciona como sede de la lucha de cholas, el nuevo hit turístico de La Paz. Hombres contra mujeres y mujeres contra mujeres se convierten en titanes del ring. Hace seis años la Asociación Boliviana de Cachacascán sumó mujeres a su staff de luchadores profesionales. Los hombres protestaron y cuando les tocaba pelear con las cholas les pegaban más fuerte de lo que normalmente se pega en esta lucha, que tiene mucho de acrobacia y algo de lucha. Ellas aguantaron, pusieron hielo en los moretones y se hicieron un lugar en este ambiente. Como se hacen un lugar en el machismo paceño de cada día.

Hoy son más de 10 luchadoras que lograron que el cachacascán boliviano llegara al Show de Cristina en Miami, al National Geographic, a diarios españoles y alemanes; a la pantalla grande. El filme Cholita Libre, que retrata la vida y la lucha de cuatro bolivianas ganó recién el Festival de Cine y Mujer en Argentina.

El año pasado se estrenó el documental Mamachas del ring, de la estadounidense Betty M. Park, que cuenta la historia de Carmen Rosa La Campeona, que un día se encontró frente al ultimátum de su marido: "O la lucha o tu familia".

La Lucha en El Alto
El Multifuncional queda en El Alto, la ciudad dormitorio que está unos pocos kilómetros arriba de La Paz y donde vive un millón de personas que todos los días va a trabajar a la capital. En El Alto hace más frío, la vista de la cordillera Real es mejor y en política no hay grises: todos apoyan a Evo, el presidente que lucha por los derechos de los aymaras.

El gimnasio está a tope de locales y turistas. Unos alientan a grito vivo y los otros, con cámaras y filmadoras. Arranca la pelea. Yolanda y El Cobarde se abrazan como si se quisieran, pero luchan. Se pegan, se muerden, se escupen gelatina, se tiran agua, se parten sillas por la cabeza, se arañan. Y cuidado quien esté cerca, cuando la lucha se sale del ring, puede llegar una patada o chorro de agua, como le pasó recién a la rubia con cara de holandesa y con tanta bronca que está a punto de meterse a la lucha.

El Cobarde toma a Yolanda por sus trenzas de chola y la arrastra por el piso. Hasta que ella consigue pararse, le hace una toma exitosa y lo neutraliza. Después, trepa a una punta del cuadrilátero y vuela.

Vuela como una paloma de la paz, pero con la furia de un león al ataque. Uno de los poderes de las cholas luchadoras es que pueden volar. Igual que los superhéroes. El vuelo es corto y el aterrizaje, brusco, sobre la espalda de El Cobarde, que termina knock out.

Cuando el padre de Yolanda "La Amorosa" se enteró que su hija mayor estaba luchando en un cuadrilátero, le dio un puñetazo en la nariz. Le dijo, muy enojado, que no quería que siguiera sus pasos. A ella no le importó el puñetazo o quizás lo entendió como un impulso para seguir. Y siguió. Entrenó hasta convertirse en una de las luchadoras más aclamadas del Multifuncional de El Alto. Ahora mismo, sus fans la aplauden, porque su contrincante no puede levantarse.

Las luchadoras tienen entre 27 y 45 años, algunas con hijos y casi todas sin marido. Todas de raza aymara. Pelean con falda, trenzas -que no son postizas como algunos creen- y balerinas. Carmen Rosa La Campeona, Marta La Alteña, Julia La Paceña, Yolanda La Amorosa fueron las primeras luchadoras profesionales de catch. Y Juan Mamaní El Gitano, su primer entrenador, el que inventó el catch con falda.

Las siguen Elizabeth La Robacorazones, Juanita La Cariñosa, Angela La Simpática, los nombres son dulces, pero ellas pegan fuerte. También están Claudina La Mala y Jennifer Dos Caras, que se puso Jeni por su mamá; fer, por ferocidad; y Dos Caras por sus dos vidas, una sobre el ring y otra abajo. Pero todos la llaman Loca.

La lucha sigue y, después de un par de horas, se repite a sí misma. La Loca revolea por el aire a Julia La Paceña cuando salgo a la puerta del Multifuncional. Atardeció y en La Paz se encendieron millones de luces al fondo de la olla inmensa, como se ve esta ciudad desde arriba.

Yolanda "La Amorosa" está tomando aire después de su triunfo. Se puso una chaqueta de seda blanca y negra. Me acerco y le pregunto cuál es su nombre.

"Veraluz Cortés Hidalgo", responde. Yolanda es por una tía a la que quería mucho. Mientras habla, veo que tiene un tajo en la sien y la pera machucada, debe ser por el golpe de recién. "Me aplico ungüentos de coca, chilca, hiel de toro para calmar el dolor". Al principio, cuando Yolanda luchaba, le pegaba a un hombre que la traicionó. Después se dio cuenta de que llevaba la lucha en la sangre. De día trabaja en una clínica deportiva, con pantalones y blusa. De noche cuida a sus hijas, dos veces por semana entrena, y el domingo, lucha. Lucha porque es su pasión, lucha por los niños, lucha porque en Bolivia, las cholas son capaces de todo.
Fuente La Tercera

Luchas de trenza contra trenza y pollera contra pollera en Bolivia

En El Alto y La Paz, ya hay ocho grupos de 'cholitas luchadoras'.

Las trenzas largas y las polleras al aire, una indumentaria típica regional, contrastan con el escenario: un hexágono de lucha libre.

Saltos desde las cuerdas, llaves, torniquetes y patadas voladoras forman parte del inusitado espectáculo que realizan sobre el ring las cada vez más famosas 'cholitas luchadoras' frente a un público desbordante de entusiasmo que apoya a la 'Simpática Ángela' frente a las embestidas feroces de 'Benita, la Intocable'.

'Benita' y 'Ángela' son la atracción central del 'catchascán' (una adaptación boliviana de la expresión del inglés catch as can, atrapa como puedas), un singular espectáculo que recorre los barrios más populares de Bolivia y en el que estas intrépidas mujeres, al igual que los hombres, se alinean para protagonizar sobre el ring la eterna dicotomía entre el bien y el mal, entre la técnica y la ruda, entre la favorita del público y la abominada, que despierta las pasiones y recibe gustosa las andanadas verbales de los espectadores.

Ellas han llegado al barrio El Tejar -en el norte de la capital, La Paz, habitado principalmente por comerciantes de mercancías al menudeo-, donde las esperan un ring hexagonal y unos 200 espectadores que las siguen desde las rústicas graderías de cemento.

Un improvisado animador toma el micrófono y a través de altoparlantes anuncia el ingreso de las luchadoras, que entran al campo deportivo al ritmo de la morenada, una música andina estilizada que es herencia de la saya, el baile de los esclavos africanos que llegaron a Bolivia.

En el cuadrilátero, 'Benita' y 'Ángela' visten polleras, faldas aymaras anchas de varios pliegues y los tradicionales sombreros que usan algunas comunidades indígenas andinas, tipo bombín.

'Benita' es ruda y prefiere las patadas y los puñetazos, mientras que 'Ángela', más técnica, opta por los saltos, las llaves de mano y las tijeras voladoras (las piernas enganchadas al cuello) para derribar a su oponente.

Desde los primeros forcejeos 'Ángela' se gana el corazón de los asistentes, quienes gritan, enloquecidos de fervor,cuando esta, en el clinch, doblega momentáneamente a su adversaria. 'Benita' sólo cosecha silbidos, que responde con el pulgar hacia abajo y gritando: "¡Voy a matar a esta chola cochina!".

Pero tras 15 minutos de combate es 'Ángela' quien gana y sale por el patio aplaudida, mientras que decenas de niños se arremolinan alrededor de ella para abrazarla.

Exhibe orgullosa una pequeña herida en la frente, producto de una patada, como para mostrar al público que la pelea es en serio.

"Me gusta lo que pelean, siempre he visto esto", dice José Luis Mamani, un niño de 10 años que se ha deleitado con el show.
Así comenzaron

Las peleas de las cholitas luchadoras han comenzado a extenderse por este país andino.

El fenómeno, que empezó hace casi ocho años cuando los luchadores masculinos, desesperados por atraer más público a sus espectáculos, decidieron subir a mujeres al ring. Nelson Calle, un veterano promotor, explica que las primeras peleas se dieron en
El Alto, ciudad-dormitorio de La Paz, de un millón de habitantes, a más de 4.000 m de altitud y de mayoría aymara.

"En el 2003, vi a mujeres de pollera pelear en una calle de El Alto; me llamó la atención que la gente se arremolinara, pero nadie se animara a mediar entre ellas o a defenderlas. Ahí se me ocurrió la lucha de cholitas", dice Calle.

De ahí, no pasó mucho tiempo para que el espectáculo comenzara a popularizarse, al punto de que en las ciudades de El Alto y La Paz, las más pobladas de Bolivia, ya hay al menos ocho grupos de cholitas luchadoras, que se presentan con sobrenombres de batalla sugestivos, como 'Juanita, la cariñosa', 'Elizabeth Rompecorazones', 'Jennifer Dos Caras', 'Marta, la Alteña', 'Remedios, la misteriosa' o 'Silvina, la Poderosa'.

La otra 'Benita'

Las luchadoras suelen ser amas de casa o comerciantes, explica el promotor Calle.

Cada luchadora, dependiendo de su calidad técnica, cobra por noche de espectáculo entre 100 y 200 bolivianos (el equivalente a una suma entre 14 y 28 dólares), mientras que los espectadores pagan por cada boleta de ingreso entre 10 y 15 bolivianos (1,4 y 2 dólares).

La lucha libre o el 'catchascán' llegó a fines de la década del 60, cuando las películas mexicanas despertaron la afición nacional por héroes como Santo, el enmascarado de plata, Blue Demon y el 'Huracán' Ramírez.

Herederas de ese fenómeno son estas mujeres que se vuelven ídolos en el ring, pero que al salir de allí retoman su condición de mujeres del común. Es el caso de la odiada 'Benita, la intocable', una delicada secretaria de una oficina privada, de 29 años, que se llama Mariela Alvarenga.

Son espectáculos que suelen desplazarse no solo por la capital y sus alrededores, sino por los barrios populares de ciudades secundarias de Bolivia y por poblados rurales. "Estoy luchando desde hace siete años, me gusta, se siente la adrenalina", señala, emocionada, tras la pelea, 'Benita', la intocable'.

JOSÉ ARTURO CÁRDENAS
LA PAZ (BOLÍVIA)
AFP
Fuente El Tiempo

La Lucha Libre de "cholas", todo un éxito en Bolivia

La Paz, (AFP) - Trenzas largas y polleras al aire, saltos desde las cuerdas, torniquetes y patadas forman parte del espectáculo de lucha libre que realizan sobre el ring las 'cholitas luchadoras' frente a un público que apoya a la 'Simpática Angela' frente a las embestidas de 'Benita, la Intocable'. 'Benita' y 'Angela' son la atracción central del catchascán, un espectáculo de lucha que recorre los barrios más populares de Bolivia y en el que estas intrépidas mujeres, al igual que en el caso de los hombres, se alinean para protagonizar sobre el ring la eterna dicotomía entre el bien y el mal.


Ellas han llegado al barrio El Tejar -en el norte de La Paz, habitado principalmente por comerciantes al menudeo-, donde las espera un ring hexagonal y unos 200 espectadores que las siguen desde graderías de cemento.

Un improvisado animador toma el micrófono y a través de altoparlantes anuncia el ingreso de las luchadoras, que entran al campo deportivo al ritmo de la morenada, una música andina estilizada que copia a la saya, el baile de los esclavos africanos que llegaron a Bolivia.

Benita y Angela visten polleras, faldas aymaras anchas de varios pliegues y sombreros tipo bombín.

Benita es ruda y prefiere las patadas y los puñetazos, mientras que Angela, más técnica, opta por los saltos, las llaves de mano, y las tijeras voladoras (pies enroscados al cuello) para derribar a su oponente.

Ya en los primeros forcejeos Angela se gana el corazón de los asistentes, quienes gritan enfervorizados cuando en el 'clinch' doblega temporalmente a su adversaria.

Benita sólo cosecha silbidos, que responde con el pulgar hacia abajo y gritando: "¡voy a matar a esta chola cochina!".

Pero tras 15 minutos de combate es Angela quien gana y sale por el patio aplaudida, mientras que decenas de niños se arremolinan alrededor de ella para abrazarla.

Exhibe orgullosa una pequeña herida en la frente, producto de una patada, como para mostrar al público que la pelea es en serio.

"Me gusta lo que pelean, siempre he visto esto", dice a la AFP José Luis Mamani, un niño de 10 años que se ha deleitado con el show.

Las peleas de las cholitas luchadores han comenzado a extenderse por el país, un fenómeno que empezó hace casi 8 años cuando los luchadores varones, desesperados por atraer más público, decidieron subir a mujeres al ring.

Nelson Calle, un veterano promotor, explica a la AFP que las primeras peleas se dieron en El Alto, ciudad-dormitorio de La Paz de un millón de habitantes a más de 4.000 m de altitud y de mayoría aymara.

En 2003 "vi a mujeres de pollera pelear en una calle de El Alto; me llamó la atención que la gente se arremolinara pero nadie se animara a mediar o a defenderlas. Ahí se me ocurrió la lucha de cholitas", dice Calle.

El espectáculo comenzó a popularizarse al punto de que en las ciudades de El Alto y La Paz, las más pobladas de Bolivia, ya hay al menos 8 grupos de 'cholitas luchadoras', que presentan nombres tan sugestivos como 'Juanita, la cariñosa', 'Elizabeth Rompecorazones','Jennifer Dos Caras', 'Marta, la Alteña', 'Remedios, la misteriosa' o 'Silvina, la poderosa'.

Son espectáculos que suelen desplazarse por barrios populares de Bolivia y poblados rurales.

"Estoy luchando desde hace 7 años, me gusta, se siente la adrenalina", señala a la AFP tras la pelea 'Benita, la intocable'

Las luchadoras suelen ser amas de casa o comerciantes, explica el promotor Calle.

Cada luchadora, dependiendo de su calidad técnica, cobra por noche de espectáculo entre 100 y 200 bolivianos (entre 14 y 28 dólares), mientras que los espectadores pagan por cada boleto de ingreso entre 10 y 15 bolivianos (1,4 y 2 dólares).

La lucha libre o el "catchascán" (una variación del inglés 'catch as can' (atrapa como puedas) llegó a fines de la década del 60, cuando películas mexicanas idolatraban a 'El Santo', 'Blue Demon' o 'Huracán Ramírez'.
Y herederas de ese fenómeno, la tradición la perpetúan mujeres como 'Benita la Intocable, que se hace odiar en el ring, pero que al salir de allí se convierte en la gentil secretaria de una oficina privada de 29 años y que se llama Mariela Alvarenga.
Fuente El Espacio

Mujeres Luchadoras bolivianas



2010 fue un año de muchas sorpresas con la Revelación de féminas luchadoras entre ellas están: Pili y las cholitas Ángela y la pequeña Lorenita.

¡Bolivia país donde existen la mejor Lucha Libre de mujeres!

jueves, 9 de diciembre de 2010

Cholitas Wrestling, made in Bolivia





Bolivia siente, vive y respira la Lucha Libre de las Cholitas Wrestling...

Afiches de las Cholitas Wrestling



Afiches de las Cholitas Luchadoras junto al Grupo LIDER, en este grupo luchan Juanita, Ángela, Celia, Reyna Torrez, etc.
Los afiches le pertenecen a los meses de septiembre de 2009 y abril de 2010.
Fuente Qhacer.com